Día de muertos

Día de Muertos

A nivel cultural el conocimiento y celebración del Día de Muertos mexicano se ha extendido a lo largo del mundo por parte de los propios mexicanos, que están distribuidos en diferentes países, y debido a la forma tan peculiar que tienen de dar culto a los fallecidos. La globalización y la posibilidad de tener contacto con casi todas las partes del mundo ha hecho que, ya sea un estadounidense o un español, en Halloween o Carnaval se maquillen y disfracen como la más que conocida Catrina.

Aparte de los propios mexicanos muchos no saben que el culto a la muerte que se da en esta festividad es probable que se remonte al periodo preclásico, cerca del año 1800 a.C., pero tal y como la conocemos hoy en día es fruto del sincretismo de la religión precolombina y la cristiana. La celebración del Día de Muertos, según la región de México, se puede llegar a extender desde el día 28 de octubre hasta el día 2 de noviembre, pero lo más habitual es que la festividad se empiece a celebrar la tarde del 31 de octubre y se extienda en el tiempo en los días que se celebran dos festividades católicas: Todos los Santos (1 de noviembre) y Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre). Los mexicanos que celebran la fiesta sincrética, deedican el primer día del mes a dar culto a los adultos fallecidos y el segundo día a los niños difuntos, similar a dos festividades mexicas que se celebraban en agosto y que más adelante explicaremos.

El culto a la muerte en la religión mexica

Todos los pueblos mesoamericanos precolombinos pese a tener diferentes estructuras políticas, etnias, idiomas y creencias partían de una misma base cultural y religiosa, debido al contacto económico y social que se producía entre ellos. Esto hizo que los mexicas, mayas, mixtecas, tepanecas, zapotecas y demás pueblos de Mesoamérica compartiesen muchas creencias religiosas y mitos. Uno de estos casos era el culto a la muerte, y debido a la naturaleza de este blog,  nos vamos a centrar en el culto que realizaban los mexicas. Los mexicas, al igual que los demás pueblos mesoamericanos, creían que la muerte era necesaria para la continuidad de la vida; puesto que concebían el tiempo y la existencia como procesos cíclicos, tema que se abordó en otro artículo sobre la concepción de la vida y la muerte. Por lo tanto, la muerte era y es vista como algo natural, dándole al día de hoy una connotación festiva y no de tristeza.

Como creían que de la propia muerte surgía la vida y que eran dos caras de la misma moneda, veneraban a los dioses del Mictlán, a Mictlantecuhtli y Mictecacihuat (Señor y Señora del Inframundo). Al igual que los demás dioses, el calendario azteca tenía el mes (una veintena) de agosto dedicado a dar culto a la diosa del Inframundo, cuando se finalizaba la cosecha del fríjol y del maíz, donde se le ofrecían los alimentos mencionados. El culto se distribuía en dos festividades: a principios de agosto se producía Micailhuitontli, donde se veneraba a los niños que habían muerto; y el Hueymicáilhutl a finales del mismo mes para los adultos muertos.

Imagen obtenida del Códice Borgia donde aparece el dios del Inframundo, Mictlantecuhtli, y el dios del Viento, Ehécatl.
Imagen obtenida del Códice Borgia donde aparece el dios del Inframundo, Mictlantecuhtli, y el dios del Viento, Ehécatl.

Además, creían que el universo estaba dividido en el mundo vertical y el horizontal, existiendo en el vertical nueve inframundos por los que debían pasar la mayoría de difuntos que morían de forma natural. Esto hacía que fuese habitual enterrar a los muertos con ofrendas como alimentos u objetos para sobrevivir a las adversidades que se encontraban en cada estrato hasta llegar al Mictlán. Esta costumbre la vemos reflejada en el Día de Muertos, puesto que cada familia crea el conocido Altar de Muertos para recibir a los espíritus de sus allegados fallecidos y ponen todo tipo de ofrendas como calaveras de azúcar decoradas, comida, regalos, imágenes del difunto, etc.

El sincretismo dentro del culto a la muerte

Tras la conquista hispana y el largo proceso de cristianización que no fue cien por cien puro, se produjo un sincretismo entre la religión precolombina y la cristiana, afectando también al culto de la muerte. La visión de la muerte dentro de la tradición cristiana era de temor, de castigo divino y a la vez vista como algo que llegaba a todos los seres humanos sin importar su procedencia social ni etapa de vida en la que se encontrasen. Además, debemos tener en cuenta la tradición literaria, artística y teatral de la Danza de la Muerte en la Europa medieval para presentar la visión que tenían los cristianos. La Muerte aparecía con un toque satírico al describirla y dibujarla bailando alrededor de las tumbas o persiguiendo a sus futuras víctimas para recordar lo efímera que es la vida para todas las personas. Dentro del cristianismo también había y hay dos días señalados donde los muertos eran el eje central: como ya se ha dicho, el 1 de noviembre se oraba por las almas de los difuntos que habían logrado marchar del Purgatorio y pasaban a la vida eterna; y el 2 de noviembre se rezaba por las almas que aún estaban en el Purgatorio purificándose.

Grabado llamado El Monje, realizado por Hans Holbein el Joven en 1538 dentro del conjunto de grabados de Danza de la Muerte
Grabado llamado El Monje, realizado por Hans Holbein el Joven en 1538 dentro del conjunto de grabados de Danza de la Muerte

El toque contemporáneo del Día de Muertos: La Catrina y La Santa Muerte

Tras explicar una parte del sincretismo de la festividad que nos atañe, faltaría resaltar el papel de La Catrina, originalmente conocida como La Calavera Garbancera. Fue creada en 1910 por José Guadalupe Posada como crítica a aquellos que tenían sangre indígena y que vendían garbanzos pero que renegaban de su sangre nativa, vistiendo con ropajes y un sombrero típico europeo pese a ser pobres. Durante el Porfiriato y los gobiernos anteriores fue típico el uso de viñetas en periódicos donde se mostraban calaveras y esqueletos como crítica a la situación de hambruna del país, Posada fue el creador de dicho personaje, pero fue el pintor Diego Rivera quien la rebautizó como Catrina y le dio parte del atuendo que hoy conocemos en un mural hecho en 1947.

Grabado de La Catrina o La Calavera Garbancera realizado por José Guadalupe de Posada en 1910.
Grabado de La Catrina o La Calavera Garbancera realizado por José Guadalupe de Posada en 1910.

Por otro lado, debemos nombrar también el culto a La Santa Muerte o La Santísima puesto que los mexicanos le dan culto, le rezan y en las oraciones le piden ayuda cuando se encuentran en situaciones difíciles, siendo para ellos otra santa propia del catolicismo. Aunque es un culto muy extendido en México, pudiéndose equiparar al culto de Nuestra Señora de Guadalupe, la Iglesia Católica Apostólica Romana rechaza la veneración a la Muerte y al igual que el Día de Muertos, los tres cultos se han originado gracias al sincretismo.

Así pues, uniendo el culto e importancia de la muerte mexica, junto a las creencias cristianas, sátiras del Viejo Mundo y la creación de La Catrina ha hecho que todo se una en lo que conocemos hoy en día como El Día de Muertos y a La Santa Muerte.

Bibliografía:

  • Rohde, E. T. (1989). “Mictlantecuhtli, dios mexica del Inframundo”, Seminario de Estudios para la Descolonización de México, 2, 39-53 pp.
  • Soustelle, J. (1970), La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, México: Fondo de Cultura Económica de España. 283 pp.
  • Vaillant, G. (1973), La civilización azteca: origen, grandeza y decadencia, México: Fondo de Cultura Económica. 317 pp.

       

el más allá mexica

Los posibles destinos tras la muerte

La estructura del universo para los pueblos mesoamericanos

Después de abordar cómo concebían la vida y la muerte los mexicas, este artículo se va a centrar en el Más Allá mexica y los posibles lugares donde su anima iba tras fallecer su forma física según la forma en la que morías. Para empezar, debemos recordar que el cosmos para los mexicas, y las diversas etnias de Mesoamérica, estaba conformado por un universo vertical y otro horizontal. El cielo y el inframundo formaban parte del universo vertical; mientras que el universo horizontal estaba formado por la tierra, donde habitaban los seres humanos y se dividía en regiones basadas en los puntos cardinales donde cada uno se identificaba con unos dioses, animales, colores y símbolos. En el siguiente dibujo obtenido de la portada del Códice Pochteca vemos la distribución del universo horizontal con los puntos cardinales y que procedemos a explicar:

 

En el Norte, lo que para nosotros sería el Este, vemos representado a Mictlantecuhtli con la cara descarnada. Esta región  se conoce como Mictlampa, el lugar de los muertos, por ello se vinculaba a lo árido y al frío. El norte también estaba relacionado con el Tezcatlipoca negro, su símbolo era el cuchillo de pedernal y su color era el negro. El Sur (nuestro Oeste) y conocido como Huitzitlampa, regido por Huitzilopochtli era el lugar de la vida, se asociaba al azul y su símbolo era el conejo. El Este (nuestro Norte) se llama Tlacopa, regentado por Tláloc o Xipe Tótec, esta región representaba el lado masculino del mundo, puesto que los mexicas concebían que todo estaba formado de forma dual, existiendo lo femenino y lo masculino, la parte buena y la mala. El símbolo del Este era la caña, era el territorio de abundancia debido a las lluvias que generaba Tláloc y el rojo representaba la región. El Oeste estaba regentado por Quetzalcóatl que representaba el lado femenino, se le asociaba el color blanco y el símbolo casa.  Por lo tanto, vemos también los contrarios en los cuatro puntos cardinales: árido-fértil, masculino-femenino. Por último, en el centro se encontraba al dios Xiuhtecuhtli, el dios del fuego que se encargaba de mantener el orden y el equilibrio universal.

En la parte vertical los mexicas creían que el cielo y el inframundo estaban divididos en pisos o estratos, trece para el cielo y nueve para el inframundo, que, como si fuese una manta, se doblaban y se superponían unos sobre otros, tal y como vemos en el dibujo realizado por López Austin (2016;145):

Mundo vertical mexica

Acabar en el cielo o el infierno no dependía de los actos que habías realizado en vida, como si ocurre en el cristianismo, sino que dependía de la forma en la que habías muerto. El final de cada persona venía determinado por el destino según la fecha en la que habían nacido. Además, el cielo únicamente era habitado por las constelaciones, las estrellas y divinidades que formaban el panteón mesoamericano, por lo tanto, los humanos no aspiraban a ninguno de los trece cielos. Los humanos sólo podían aspirar a acabar en alguno de los cuatro paraísos si morían de alguna forma especial en la que, según ellos, un dios había intervenido; si no, acababan en el Mictlán en el caso de haber tenido una muerte natural o considerada común.

Independientemente de la muerte, todos los humanos debían ser devorados por la divinidad Tlaltecuhtli (Señor/Señora de la tierra), dependiendo de los escritos es representada como una deidad femenina o masculina pero cuando Tlaltecuhtli es presentada como hembra siempre se la relaciona con devorar y parir a los muertos con su vagina dentada. La función de la deidad era devorar la carne del difunto, introducirlo en su matriz para nutrir a la tierra generando vida a través de la muerte y parir la esencia del difunto o una de las partes anímicas, el teoylía, relacionado con el corazón (Moctezuma, 2018: 18). Esto le permitía iniciar el camino hacia el lugar de descanso pertinente según el tipo de muerte.

Los paraísos

Una vez habían sido devorados, los guerreros mexicas fallecidos en combate o por sacrificio gladiatorio tardaban 80 días en llegar al Tonatiuhichan, paraíso donde acompañaban al dios Tonatiuh (el Sol) para luchar contra la Luna, Coyolxauhqui o Metzli, para que no venciera el caos. Tras cuatro años acompañando al Sol, se reencarnaban en colibríes. En el caso de las mujeres que habían muerto en el parto iban a uno de los paraísos, el Cihuatlampa donde se convertían en Cihuateteo, pero al haberse debatido entre la vida y la muerte eran concebidas como guerreras, por lo tanto, también acompañaban al Sol. Por otro lado, tenemos a aquellos que habían muerto ahogados, por un rayo o por enfermedades de la piel, creyendo que habían sido elegidos por el dios Tláloc, dios de la Lluvia, iban al paraíso Tlalocan que se caracterizaba por la abundancia gracias a la lluvia y felicidad. Por último, tenemos el Chichihualcuauhco donde iban a parar los infantes que habían muerto antes de cumplir los cuatro años edad y eran alimentados por el árbol nodriza hasta que podían volver a nacer.

El cielo

Como ya se ha dicho, los diferentes niveles o estratos eran habitados únicamente por deidades o cuerpos celestes que descendían al inframundo (noche) y volvían a ascender al cielo pertinente (día) pasando por el plano terrenal, influyendo así en la vida cotidiana de los mexicas y demás pueblos mesoamericanos, o al menos así lo creían ellos.

♦ El primer cielo se llama Ilhuícatl Meztli traducido como “Lugar donde se mueve la Luna”, era donde se hallan las nubes y la Luna. Estaba habitado por Tlazoltéot, la diosa de la inmundicia y del deseo carnal, por Tláloc y por Ehecátl, dios del aire.

♦ El segundo cielo se llama Ilhuícatl Cintlalco traducido como “Lugar donde se mueven las estrellas”. En este cielo las estrellas estaban divididas en dos ejércitos, las cuatrocientas del Norte y las cuatrocientas del Sur. Además, también se encuentran las constelaciones como la Osa mayor, la Osa menor, entre otras.

♦ El tercer cielo se conoce como Ilhuícatl Tonatiuh traducido como “Lugar donde se mueve el sol”. Era el cielo donde el Sol se va desplazando a lo largo del día para sumergirse por la noche en el Inframundo.

♦ El cuarto cielo se llama Ilhuícatl Huitztlán traducido como “Lugar del cielo de la estrella grande”. En él se hallaba Venus y el dios de la mañana, Tlahuilcalpantecuhtli.

♦ El quinto cielo se conoce como Ilhuícatl Mamoloaco traducido como “Lugar donde se mueven los cometas”. En él estaban las estrellas errantes o los cometas.

♦ El sexto cielo es el Ilhuícatl-Yayauhco traducido como “Lugar donde nace y se extiende la noche” y era el cielo donde Tezcatlipoca ejerce sus poderes.

♦ El séptimo cielo se llama Ilhuícatl Xoxouhqui traducido como “Lugar donde el Sol se levanta y muestra su rostro”. Era el cielo que los seres humanos veían durante el día y donde habitaba Huitzilopochtli.

♦ El octavo cielo se llama Itzlacoliuhqui traducido como “Lugar donde surgen los cuchillos de obsidiana”. En él se producían las tormentas y vivía el dios Itzlacoliuhqui, dios del frío.

♦ Del noveno, decimo y onceavo cielo sólo sabemos sus nombres y que se refieren a los colores por los que evoluciona el sol y el cielo según el momento del día: Itzlán (región del blanco); Cozauhquitlán (región del amarillo); Yayauhtlán (región del rojo).

♦ El doceavo cielo es el Ilhuícatl-Teteocán traducido como “Lugar donde moran los dioses”. Era el lugar donde los dioses nacían, se alimentaban y renacían, aunque fuesen seres eternos y mutantes, puesto que recordemos que podían morir, de forma momentánea y desdoblarse en otros dioses, siendo este el lugar donde también podían hacer esto último.

♦ El treceavo cielo es el Ihuícatl-Omeyocán traducido como “Lugar de la dualidad”. En el último cielo moraban el señor y la señora de la dualidad, Ometecuhtli y Omecihuatl, quienes crearon el universo y los dioses.

Los trece cielos fueron representados por los mexicas con la construcción del Templo Mayor.

El Mictlán

Los que habían tenido una muerte natural o diferente a las mencionadas tardaban cuatro años en ser devorados por la deidad Tlaltecuhtli y tras haber expulsado su esencia iniciaban el trayecto por los diferentes niveles del Mictlán. Además, debemos tener en cuenta, que al igual que en cada paraíso y cielo habitaban o estaban relacionados con unos dioses, en el Mictlán pasaba lo mismo; en cada nivel habitaba un dios y el difunto debía de pasar una prueba que estaba relacionado con este.

♦ El primer nivel se llama Apanohuaia, donde debían atravesar un río muy caudaloso a lomo del perro sin pelo, un xoloitzcuintle, que habían sacrificado y enterrado con el difunto para que contase con su ayuda en el inframundo. Esta raza de perro estaba consagrada a Xólotl, el dios del ocaso y era donde habitaba la deidad.

♦ El segundo nivel se llama Tepectli Monanamictlán, donde los muertos debían de intentar de cruzar rápidamente por en medio de dos montes que chocaban entre si constantemente y evitar ser aplastados. En este caso, era el dios de las montañas, los ecos y señor de los jaguares, Tepeyóllotl, el que habitaba este nivel.

♦ El tercer nivel se llama Iztepetl, donde había un gran número de pedernales que amenazaban con cortarles. Itztlacoliuhqui, dios de la obsidiana y del castigo habitaba en este nivel.

♦ El cuarto nivel es el Itzehecayán, que se encontraba congelado, con nieve y había unos vientos tan fuertes que podían destruir casas o cortar como el mismo pedernal. En este nivel habitaba el dios del viento del Norte, Mictlampehécatl.

♦ El quinto nivel es el Paniecatlacóyan, donde nuevamente se encontraban con fuertes vientos pero que aquí se encargaban de moverlos de un lado a otro hasta que les permitían ir al siguiente nivel y también era habitado por el dios del viento del Norte.

♦ El sexto nivel es el Temiminalóyan, donde te enfrentabas a un sinfín de flechas que fueron lanzadas por los guerreros pero que no dieron a su objetivo.

♦ El séptimo nivel es el Teocoyocualoya, donde habitaban fieras como los jaguares e intentaban comerse el corazón del difunto.

♦ El octavo nivel es el Izmictlán, donde se cree que los difuntos se encontraban con su alma (tonalli) tras haber conseguido pasar por nueve ríos que estaban en un valle.

♦ El noveno y último nivel es el Chicunamictlán, donde se encontraban con el Señor y la Señora del Inframundo, Mictlantecuhtli y Mictlacihuatl. En este nivel tras haber logrado pasar todas las pruebas el muerto rememoraba toda su vida y pasaba a formar parte del universo, logrando al fin el descanso.

Los tres niveles verticales y el nivel horizontal que conformaban el universo se unían en el centro por un árbol cósmico, haciendo fluir a través del árbol las energías del cielo y del inframundo, pasando por el plano terrenal.

Bibliografía:

  • Báez-Jorge, F. (2018). “Mitología y simbolismo de la vagina dentada”, Arqueología Mexicana, 104, 51-55 pp.
  • Johanson K., P. (2012). “La muerte en la cosmovisión náhuatl prehispánica. Consideraciones heurísticas y epistemológicas”, Estudios de cultura náhuatl, 43,47-93 pp.
  • López Austin, A. (2016). “La verticalidad del cosmos”, Estudios de la cultura náhuatl, 52, 119-150 pp.
  • Matos Moctezuma, E. (2018). “Los mexicas y la muerte”, Arqueología Mexicana, 52, 18-20 pp.
  • Matos Moctezuma, E. (2018). “El destino de los guerreros y la práctica de la cremación”, Arqueología Mexicana, 52, 22-24 pp.
  • Soustelle, J. (1970), La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, México: Fondo de Cultura Económica de España. 283 pp.

           

La vida y la muerte para los mexicas

La vida y la muerte para los mexicas

Mitos cosmogónicos para entender la visión de la vida y la muerte para los mexicas

Entender desde nuestra perspectiva occidental y tradición católica la concepción de la vida y la muerte para los mexicas puede ser algo complicado debido a que son totalmente opuestas. Debemos tener en cuenta que tanto el tiempo como la muerte eran vistos como procesos cíclicos y creían que pese a morir, podías retornar a la tierra, una idea que desarrollaré más adelante. Además, los mexicas concebían la vida y la muerte como partes de una misma moneda, dos aspectos que se complementaban el uno al otro y que eran necesarios para la continuidad del universo, evitando así la llegada del caos.

Veían la muerte como una necesidad de renovación del mundo. La muerte de las personas, animales, plantas y dioses permitía la creación de nuevos seres vivos y evitaba el envejecimiento, que era lo que llevaba el caos.  La creencia de que de la muerte surgía la vida la vemos en el mito de la creación del Sol y la Luna: tras sacrificarse los dioses Nanahuatzin y Tecuhciztécatl al lanzarse a una hoguera se crearon los dos astros mencionados, pero todos los demás dioses tuvieron que sacrificarse también para conseguir la movilidad del Sol. Puesto que, si el astro se mantenía inamovible la vida no se podía desarrollar. Debido a este sacrificio divino, los mexicas creían que debían compensar a los dioses y tenían que mantener al Sol en movimiento mediante la sangre humana para que no llegase el fin del Universo. Por ello, era mejor morir antes de que fuera demasiado tarde mediante un sacrificio para evitar que el mundo falleciera definitivamente ya que con tu sangre alimentabas a la madre tierra.

La relación tan estrecha entre la vida y la muerte se ve reflejada en otro mito mexica, la huida de Quetzalcóatl. El rey-dios de Tula se da cuenta que ha llegado el momento de morir gracias al dios Tezcatlipoca al enseñarle en un espejo su reflejo y verse en estado de descomposición, aceptando al verse que su vida es finita. Su aceptación llega al darse cuenta que la contra parte de la existencia es la muerte (Johansson, 2012: 60), puesto que una no se puede concebir sin la otra. La muerte de Quetzalcóatl se produjo cuando tenía 52 años al lanzarse al fuego y reencarnándose en lucero, siendo quien marcaría el periodo de tiempo óptimo de vida de una persona y el periodo tras el cual se debía hacer una ceremonia para destruir el Fuego Viejo y crear el Fuego Nuevo y así evitar la destrucción del universo.

Cristianismo y religión precolombina: diferentes visiones de la muerte

Esto difiere mucho de la concepción de la muerte dentro del mundo cristiano, sobre todo para los contemporáneos a los mexicas debido a que la muerte no la entendían como algo natural, sino como el resultado de desobedecer a Dios y ni mucho menos creían que la muerte creara vida. Debido a esta diferente concepción, los misioneros cristianos que llegaron a México-Tenochtitlán tras la conquista del Imperio azteca mostraron una realidad acerca de cómo los nativos veían la muerte de sus allegados un tanto errónea, sobre todo al hablar de los conocidos sacrificios humanos. Los misioneros veían como muchos mexicas lloraban, gritaban y sufrían al ver la muerte de un ser querido y lo entendieron como un enorme miedo a la muerte, a morir por sus dioses.

Cuando realmente lo único que hacían era pasar por una de las etapas del duelo, por lo tanto, el miedo a la muerte de los indígenas no era mayor al de cualquier otro pueblo. Otra diferencia con la concepción cristiana de la muerte es la visión cíclica de esta y del tiempo que tenían los mexicas; entendían vivir y existir como dos conceptos diferentes, puesto que podías haber muerto, haber dejado de vivir, pero eso generaba existencia. Es por ello, que no concebían un fin absoluto puesto que ayudabas a nutrir a la madre-tierra con tu muerte y se creaba un constante ciclo de regeneración. Por lo tanto, era la muerte cíclica lo que evitaba el fin apocalíptico del mundo (Johansson, 2012: 91) y podías llegar a morir, pero seguías existiendo.

El vientre materno y el Mictlán

Incluso el vientre materno está relacionado con la muerte y el Mictlán, el inframundo dentro de la cultura mexica es donde van a parar las almas de la mayoría de los fallecidos y el cual esta relacionado con la vida, puesto que de él surgieron los seres humanos según el propio mito. Los mexicas creían que previamente al mundo que ellos conocían, hubo Cuatros Soles o mundos y fue en la creación del Quinto Sol donde el Mictlán fue el centro de la vida y de la muerte. La humanidad había sido destruida junto con los anteriores mundos y era Mictlantecuhtli, el Señor del Inframundo, quien tenía en su posesión los restos óseos de la humanidad.

El dios Quetzalcóatl quería restaurar a la humanidad para que habitasen en el Quinto Sol y tuvo que ir al Mictlán para pedirle al dios del Inframundo si se los podía llevar; pese a que accedió deforma recelosa, Quetzalcóatl no se fiaba de Mictlantecuhtli y salió corriendo ante la posibilidad de que cambiase de opinión. Ante esta desconfianza,el Señor del Inframundo ordenó que se crease un hoyo para hacer caer a Quetzalcóatl en el, lo que provocó su muerte y la sangre que brotó de su pene hizo que se crease de nuevo la humanidad. Por lo tanto, los mexicas concebían el vientre materno como el Mictlán, puesto que de ambos brotaban los seres humanos. Esta visión llegaba hasta tal punto que si había algún niño que moría antes de haber cumplido los cuatro años no celebraban ninguna ceremonia mortuoria, puesto que seguía vinculado a la muerte del propio vientre materno. Para entender esto, lo más parecido sería lo que conocemos como el limbo, pero en este caso los seres humanos se encuentran en un limbo pre-existencial en el que si mueren antes de los cuatro años pasaran a nutrir la continuidad de la existencia.

Así pues, vemos como para los mexicas la vida brotaba de la muerte. 

Bibliografía:

  • Báez-Jorge, F. (2012). «Dialéctica de la ida y la muerte en la cosmovisión mexica», Estudios de la cultura náhuatl, 44, 215-238 pp. 
  • Johansson K., P. (2012). “La muerte en la cosmovisión náhuatl prehispánica. Consideraciones heurísticas y epistemológicas”, Estudios de cultura náhuatl, 43,47-93 pp.
  • Soustelle,J. (1970), La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, México: Fondo de Cultura Económica de España. 283 pp.

   

los principales dioses dentro de la religión mexica

Los principales dioses mexicas

En la primera parte de este artículo vamos a hablar de los principales dioses dentro de la religión mexica. Al igual que el cristianismo en el Viejo Mundo estaba presente en las diferentes sociedades que lo profesaban aportando una moral, una conducta de comportamiento en comunidad, una religiosidad, una cosmogonía, unas festividades y justificaciones políticas e incluso bélicas; el politeísmo mexica también abarcaba todos estos aspectos, compartiendo ciertas similitudes, pero ​sobre todo teniendo ​muchas diferencias. Los mexicas creían que previamente al mundo que ellos conocían, el Quinto Sol, hubo cuatro mundos o soles donde reinaba una divinidad diferente y fueron destruidos por diferentes catástrofes​, que venían anunciadas según la fecha establecida en el calendario, donde la humanidad perecía debido a los malos actos cometidos por ellos y volvía a resurgir con la imposición de una nueva divinidad junto a un nuevo sol.

El origen de los seres vivos y de los mismos dioses lo situaban en la primera pareja divina, ​Ometecuhtli (Señor de la Dualidad) y ​Omecihuatl (Señora de la Dualidad)​; ​pese a la importancia que tenían en la cosmogonía mexica al ser los padres creadores, en el siglo XVI únicamente se les reconocía el poder de fijar la fecha del nacimiento y el destino de cada ser. Para los mexicas la creación más importante fue el nacimiento del Sol, llamado inicialmente ​Tonatiuh, ​pero con el triunfo de Itzcóatl frente la alianza tepaneca en 1428 y por las reformas imperiales realizadas se le otorgó al dios ​Huitzilopochtli la equiparación al Sol. Como otros muchos dioses mesoamericanos, ​Huitzilopochtli tenía una naturaleza dual, pero en un inicio estaba fusionado con un héroe en vez de con otro dios, como ocurrió posteriormente con la reforma imperial, la cual hizo que pasase a ser la deidad más importante para los aztecas.

Cada día, como Sol que era, debía enfrentarse con su hermana la Luna, ​Coyolxauhqui​, para evitar que las tinieblas y el fin del mundo conocido llegase. ​Huitzilopochtli para poder salir victorioso del combate debía ser alimentado con chalchihuatl (sangre humana)​, debido a que para la misma creación del Quinto Sol los dioses se tuvieron que sacrificar; como deuda a los dioses y como pueblo elegido, los mexicas debían alimentar a su dios nacional mediante los sacrificios humanos ya que es una transmutación por la cual de la muerte sale la vida (Soustelle,1970:102). Debido a esta gran lucha que realiza, ​Huitzilopochtli también era considerado el dios de la ​Guerra​. Las reformas imperiales implantadas ​a mediados del siglo XV englobaron todos los aspectos de la sociedad mexica y supuso la creación de la ideología que permitió justificar la expansión, la conquista ​y su supremacía por encima de los pueblos vecinos a través de la religión, los sacrificios y la guerra.

El panteón mexica era muy amplio, y todavía aumentó más al formar el Imperio e ir añadiendo divinidades locales de las provincias conquistadas. Los dioses que tenían atribuciones agrícolas eran sumamente adorados debido a que la agricultura era su sustento de vida. Un ejemplo sería ​Tláloc, ​el dios de la Lluvia, ​venerado en toda la zona de Mesoamérica, o ​Xipe Tótec, ​cuyo origen parece provenir ​del pueblo yopi y es identificado como el representante ​de la primavera ​y de la renovación de la naturaleza (Conrad y Demarest,1988:47), pero hay autores que han cuestionado y ampliado sus atribuciones. Carlos Javier González González (2011) focaliza a Xipe Tótec como representante de la renovación del maíz y amplía su culto como otro dios de la ​Guerra, debido a que las veintenas (es el mes azteca) en las que se adoraba a la deidad a las víctimas del tlacaxipehualiztli(sacrificio gladiatorio) se les arrancaba el corazón para ser desolladas y usar las pieles como vestimenta por parte de los sacerdotes para glorificar a la deidad.

El presentarlo como otra divinidad relacionada con la Guerra se debe a que los guerreros tenían una amplia participación en su ritual, puesto que en el sacrificio ritual uno de los cautivos guerreros extranjeros obtenidos debía enfrentarse con los guerreros jaguar y águila con unas armas de madera y atados a la piedra ​temalácatl. Además, una vez sacrificados, ingerían una parte del cuerpo inmolado de la víctima que habían proporcionado ellos mismos. La guerra y la agricultura se reunían en el culto de ​Xipe Tótec debido a que ambas se consideraban actividades generadoras de vida (González,2011:401). Hemos de comprender que las divinidades mesoamericanas en general no eran entendidas como las occidentales, puesto que eran unos conjuntos divinos que representaban la naturaleza o astros  y que podían manifestarse en un sinfín de aspectos, siendo capaces de desdoblarse ​o que varias divinidades representasen lo mismo.

Otra de las divinidades importantes era ​Tezcatlipoca que, ​dependiendo de la festividad, el calendario, el punto cardinal y otros aspectos, podía asociarse con un sinfín de cosas, como la muerte, la noche, la justicia, los banquetes, etc. siendo uno de los dioses que se desdobla hasta cuatro veces.  Por último, ​cabe ​destacar a ​Tlazoltéotl​, divinidad importada de los huastecas, era la diosa del amor carnal, del pecado y de la confesión, pero hemos de tener en cuenta que la concepción del pecado para los aztecas no era tan amplia ni tan transcendental para la vida después de la muerte como en el catolicismo. Únicamente podían confesar una vez en la vida ante un sacerdote y sólo eran considerados pecados los actos carnales o la embriaguez, puesto que no eran los pecados los que determinaban donde iba el alma sino la forma de morir. Los únicos que encontraban un destino diferente después de la muerte eran los guerreros muertos en batalla o sacrificados, las mujeres que fallecían al dar a luz y los ahogados, ​todos ​los demás iban al inframundo, el ​Mictlán​.

Los dioses mesoamericanos se caracterizaban, a diferencia del dios cristiano o del panteón griego/romano, por ser mortales y por tener una apariencia que mezclaba el aspecto antropomórfico con un físico un tanto grotesco. Además, también algunos de ellos tenían el papel que en Occidente ​disfrutan los santos al ser los patronos de los diferentes oficios, como ​Xipe Tótec patrono de los orfebres, ​Tezcatlipoca patrono de los guerreros o ​Quetzalcóatl patrono de los sacerdotes.

Bibliografía:

  • Conrad, G. y Demarest, A. (1988), Religión e Imperio. Dinámicas del expansionismo azteca e inca, Madrid: Alianza. 312 pp.
  • González González, C.J. (2011), Xipe Tótec: guerra y regeneración del maíz en la religión mexica, México: Fondo de Cultura Económica. 453 pp.
  • Soustelle, J. (1970), La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, México: Fondo de Cultura Económica de España. 283 pp.