La vida después de la muerte

La vida después de la muerte para los mexica

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Breve resumen de la estructura del cosmos para los pueblos mesoamericanos

Después de abordar cómo concebían la vida y la muerte los mexicas, este artículo se va a centrar en la vida después de la muerte para los mexicas y los posibles lugares donde su ánima iba tras fallecer su forma física según la forma en la que morías. Para empezar, debemos recordar que el cosmos para los mexicas estaba conformado por un universo vertical y otro horizontal. El cielo, el paraíso y el inframundo formaban parte del universo vertical, mientras que el universo horizontal estaba formado por la tierra. En ella, habitaban los seres humanos y se dividía en regiones basadas en los puntos cardinales donde cada uno se identificaba con unos dioses, animales, colores y símbolos.

Representación de los cuatro puntos cardinales y de la distribución del universo horizontal en el Códice Féjervary-Mayer o Códice Pochteca.

Sin embargo, como el artículo está enfocado en hablar sobre como entendían la vida después de la muerte para los mexicas sólo vamos hablar del universo vertical. Al fin y al cabo, son los sitios que tienen que ver con el más allá mexica.

El universo vertical: el cielo, el paraíso y el inframundo

En la parte vertical los mexicas creían que el cielo y el inframundo estaban divididos en pisos o estratos, trece para el cielo y nueve para el inframundo, que, como si fuese una manta, se doblaban y se superponen unos sobre otros, tal y como vemos en la imagen:

Representación de cómo entendían el universo vertical los mexicas. Dibujo realizado por López Austin (2016;145).

Acabar en el cielo o el infierno no dependía de los actos que habías realizado en vida, como sí ocurre en el cristianismo. La vida después de la muerte para los mexicas dependía de la forma en la que habías muerto. El final de cada persona venía determinado por el destino y según la fecha en la que habían nacido. Además, el cielo únicamente era habitado por las constelaciones, las estrellas y divinidades que formaban el panteón mesoamericano.

Por lo tanto, los humanos no aspiraban a ninguno de los trece cielos. Los humanos sólo podían aspirar a acabar en alguno de los cuatro paraísos si morían de alguna forma especial en la que, según ellos, un dios había intervenido. Si no era el caso, acababan en el Mictlán en el caso de haber tenido una muerte natural o considerada común.

Independientemente de la muerte, todos los humanos debían ser devorados por la divinidad Tlaltecuhtli (Señor/Señora de la tierra). Dependiendo de los escritos esta deidad es representada como una deidad femenina o masculina, pero cuando Tlaltecuhtli es presentada como hembra siempre se la relaciona con devorar y parir a los muertos con su vagina dentada. La función de la deidad era devorar la carne del difunto, introducirlo en su matriz para nutrir a la Tierra. Con esta ingesta, se generaba vida a través de la muerte y paría la esencia del difunto o una de las partes anímicas, el teoylía, relacionado con el corazón (Moctezuma, 2018: 18). Esto le permitía iniciar el camino hacia el lugar de descanso pertinente según su tipo de muerte.

Los paraísos: la vida después de la muerte para los mexicas muertos de forma especial

Una vez habían sido devorados, los guerreros mexicas que habían fallecido en combate o por sacrificio gladiatorio tardaban 80 días en llegar al Tonatiuhichan. En este paraíso debían acompañar al dios Tonatiuh (el Sol) para luchar contra la Luna, Coyolxauhqui o Metzli, y que no venciera el caos. Tras cuatro años acompañando al Sol, se reencarnaban en colibríes. En el caso de las mujeres que habían muerto en el parto iban a uno de los paraísos, el Cihuatlampa donde se convertían en Cihuateteo. Sin embargo, como durante el parto habían luchado por sobrevivir, eran concebidas como guerreras y también acompañaban al Sol.

Por otro lado, tenemos a aquellos que habían muerto ahogados, por un rayo o por enfermedades de la piel. Estas muertes estaban asociadas a Tláloc, el dios de la Lluvia e iban al paraíso Tlalocan, caracterizado por la abundancia gracias a la lluvia y felicidad. Por último, tenemos el Chichihualcuauhco donde iban a parar los infantes que habían muerto antes de cumplir los cuatro años edad y eran alimentados por el árbol nodriza hasta que podían volver a nacer.

Los trece cielos: el espacio de los dioses

Como ya se ha dicho, los trece cielos o estratos eran habitados únicamente por deidades o cuerpos celestes que descendían al inframundo (noche) y volvían a ascender al cielo pertinente (día) pasando por el plano terrenal. Por eso, los dioses influían diariamente en la vida cotidiana de los mexicas y demás pueblos mesoamericanos, o al menos así lo creían ellos.

♦ El primer cielo se llama Ilhuícatl Meztli, traducido como “Lugar donde se mueve la Luna”. Era donde se hallaban las nubes y la Luna. Estaba habitado por Tlazoltéot, la diosa de la inmundicia y del deseo carnal, por Tláloc y por Ehecátl, dios del aire.

♦ El segundo cielo se llama Ilhuícatl Cintlalco, traducido como “Lugar donde se mueven las estrellas”. En este cielo las estrellas estaban divididas en dos ejércitos, las cuatrocientas del Norte y las cuatrocientas del Sur. Además, también se encuentran las constelaciones como la Osa mayor y la Osa menor, entre otras.

♦ El tercer cielo se conoce como Ilhuícatl Tonatiuh, traducido como “Lugar donde se mueve el sol”. Era el cielo donde el Sol se iba desplazando a lo largo del día hasta sumergirse por la noche en el Inframundo.

♦ El cuarto cielo se llama Ilhuícatl Huitztlán, traducido como “Lugar del cielo de la estrella grande”. En él se hallaba Venus y el dios de la mañana, Tlahuilcalpantecuhtli.

♦ El quinto cielo se conoce como Ilhuícatl Mamoloaco, traducido como “Lugar donde se mueven los cometas”. En él estaban las estrellas errantes o los cometas.

♦ El sexto cielo es el Ilhuícatl-Yayauhco, traducido como “Lugar donde nace y se extiende la noche”. Era el cielo donde Tezcatlipoca ejercía sus poderes.

♦ El séptimo cielo se llama Ilhuícatl Xoxouhqui,traducido como “Lugar donde el Sol se levanta y muestra su rostro”. Era el cielo que los seres humanos veían durante el día y donde habitaba Huitzilopochtli.

♦ El octavo cielo se llama Itzlacoliuhqui, traducido como “Lugar donde surgen los cuchillos de obsidiana”. En él se producían las tormentas y vivía el dios Itzlacoliuhqui, dios del frío.

♦ Del noveno, decimo y onceavo cielo sólo sabemos sus nombres y que se refieren a los colores por los que evoluciona el sol y el cielo según el momento del día: Itzlán (región del blanco); Cozauhquitlán (región del amarillo); Yayauhtlán (región del rojo).

♦ El doceavo cielo es el Ilhuícatl-Teteocán, traducido como “Lugar donde moran los dioses”. Era el lugar donde los dioses nacían, se alimentaban y renacían. Aunque eran seres eternos y mutantes, debemos recordar que podían morir de forma momentánea y desdoblarse en otros dioses. Por lo tanto, en el nivel también podían desdoblarse. 

♦ El treceavo cielo es el Ihuícatl-Omeyocán, traducido como “Lugar de la dualidad”. En el último cielo moraban el señor y la señora de la dualidad, Ometecuhtli y Omecihuatl, quienes crearon el universo y los dioses.

El el universo horizontal y el universo vertical formado por los trece cielos, los cuatro paraísos y el Mictlán conformaban el cosmos para los mexicas. Los dos universos unían en el centro por un árbol cósmico, al igual que en otras civilizaciones al rededor del mundo. A través del tronco del árbol cósmico fluían las energías del cielo y del inframundo, pasando por el plano terrenal.

Representación de la unión de plano terrenal, los trece cielos y el Inframundo.

Esta imagen está extraída del blog de Victormauln, donde habla de la estructura del Universo según los mayas. Como podéis ver, mexicas, mayas y otros pueblos de Mesoamérica creían que el Universo en su conjunto estaba divido en tres (Cielo, mundo terrenal e Inframundo).

El Mictlán: la vida después de la muerte natural para los mexicas

Los que habían tenido una muerte natural o diferente a las mencionadas tardaban cuatro años en ser devorados por la deidad Tlaltecuhtli y tras haber expulsado su esencia iniciaban el trayecto por los diferentes niveles del Mictlán. Además, en cada nivel del Mictlán habitaba un dios y el difunto debía de pasar una prueba que estaba relacionado con este.

♦ El primer nivel se llama Apanohuaia, donde debían atravesar un río muy caudaloso a lomos de un perro sin pelo, un xoloitzcuintle.  Debían sacrificar al perro enterrarlo con el difunto para que este contase con su ayuda en el inframundo. Esta raza de perro estaba consagrada a Xólotl, el dios del ocaso y habitaba en este primer nivel del Mictlán.

♦ El segundo nivel se llama Tepectli Monanamictlán, donde los muertos debían de intentar de cruzar rápidamente por en medio de dos montes que chocaban entre si constantemente y evitar ser aplastados. En este caso, era el dios de las montañas, los ecos y señor de los jaguares, Tepeyóllotl, el que habitaba este nivel.

♦ El tercer nivel se llama Iztepetl, donde había un gran número de pedernales que amenazaban con cortarles. Itztlacoliuhqui, dios de la obsidiana y del castigo, habitaba en este nivel.

♦ El cuarto nivel es el Itzehecayán, que se encontraba congelado, con nieve y había unos vientos tan fuertes que podían destruir casas o cortar como el mismo pedernal. En este nivel habitaba el dios del viento del Norte, Mictlampehécatl.

♦ El quinto nivel es el Paniecatlacóyan, donde nuevamente se encontraban con fuertes vientos pero que aquí se encargaban de mover al difunto de un lado a otro hasta que les permitían ir al siguiente nivel. También era habitado por el dios del viento del Norte.

♦ El sexto nivel es el Temiminalóyan. Debías enfrentarte a un sinfín de flechas que fueron lanzadas por los guerreros pero que no dieron a su objetivo.

♦ El séptimo nivel es el Teocoyocualoya, donde habitaban fieras como los jaguares e intentaban comerse el corazón del difunto.

♦ El octavo nivel es el Izmictlán, donde se cree que los difuntos se encontraban con su alma (tonalli) tras haber conseguido pasar por nueve ríos que estaban en un valle.

♦ El noveno y último nivel es el Chicunamictlán, donde se encontraban con el Señor y la Señora del Inframundo, Mictlantecuhtli y Mictlacihuatl. En este nivel tras haber logrado pasar todas las pruebas el muerto rememoraba toda su vida y pasaba a formar parte del universo, logrando al fin el descanso.

Los mexicas representaron la división del universo horizontal (mundo terrenal) y del universo vertical (trece cielos, paraíso e inframundo) de diferentes formas, pero la más monumental fue con el Templo Mayor.

Maqueta de cómo debió ser el Templo Mayor de Tenochtitlán.

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Bibliografía

  • Báez-Jorge, F. (2018). “Mitología y simbolismo de la vagina dentada”, 

    Arqueología Mexicana, 104, 51-55 pp.

  • Johanson K., P. (2012). “La muerte en la cosmovisión náhuatl prehispánica. Consideraciones heurísticas y epistemológicas”, Estudios de cultura náhuatl, 43,47-93 pp.

  • López Austin, A. (2016). “La verticalidad del cosmos”, Estudios de la cultura náhuatl, 52, 119-150 pp.

  • Matos Moctezuma, E. (2018). “Los mexicas y la muerte”, Arqueología Mexicana, 52, 18-20 pp.

  • Matos Moctezuma, E. (2018). “El destino de los guerreros y la práctica de la cremación”, Arqueología Mexicana, 52, 22-24 pp.

  • Soustelle, J. (1970), La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, México: Fondo de Cultura Económica de España. 283 pp.

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