Los posibles destinos tras la muerte

Publicado por Ariadna en

el más allá mexica

La estructura del universo para los pueblos mesoamericanos

Después de abordar cómo concebían la vida y la muerte los mexicas, este artículo se va a centrar en el Más Allá mexica y los posibles lugares donde tu anima iba tras fallecer tu forma física según la forma en la que morías. Para empezar, debemos recordar que el cosmos para los aztecas, y las diversas etnias de Mesoamérica, estaba conformado por un universo vertical y otro horizontal. El cielo y el inframundo formaban parte del universo vertical; mientras que el universo horizontal estaba formado por la tierra, donde habitaban los seres humanos y se dividía en regiones basadas en los puntos cardinales donde cada uno se identificaba con unos dioses, animales, colores y símbolos. En el siguiente dibujo obtenido de la portada del Códice Pochteca vemos la distribución del universo horizontal con los puntos cardinales y que procedemos a explicar:

En el Norte, lo que para nosotros sería el Este, vemos representado a Mictlantecuhtli con la cara descarnada. Esta región  se conoce como Mictlampa, el lugar de los muertos, por ello se vinculaba a lo árido y al frío. El norte también estaba relacionado con el Tezcatlipoca negro, su símbolo es el cuchillo de pedernal y el color es el negro. El Sur (nuestro Oeste) y conocido como Huitzitlampa, regido por Huitzilopochtli era el lugar de la vida, se asociaba al azul y su símbolo es el conejo. El Este (nuestro Norte) se llama Tlacopa y esta regentado por Tláloc o Xipe Tótec, esta región representaba el lado masculino del mundo, puesto que los mexicas concebían que todo estaba formado de forma dual, existiendo lo femenino y lo masculino, la parte buena y la mala. El símbolo del Este es la caña, era el territorio de abundancia debido a las lluvias que generaba Tláloc y el rojo representaba la región. El oeste estaba regentado por Quetzalcóatl que representaba el lado femenino, se le asociaba el color blanco y el símbolo casa.  Por lo tanto, vemos también los contrarios en los cuatro puntos cardinales: árido-fértil, masculino-femenino. Por último, en el centro encontramos al dios Xiuhtecuhtli, el dios del fuego que se encargaba de mantener el orden y el equilibrio universal.

En la parte vertical los mexicas creían que el cielo y el inframundo estaban divididos en pisos o estratos, trece para el cielo y nueve para el inframundo, que, como si fuese una manta, se doblaban y se superponían unos sobre otros, tal y como vemos en el dibujo realizado por López Austin (2016;145):

Mundo vertical mexica

Acabar en el cielo o el infierno no dependía de los actos que habías realizado en vida, como si ocurre en el cristianismo, sino que dependía de la forma en la que habías muerto. El final de cada persona venía determinado por el destino según la fecha en la que habías nacido. Además, el cielo únicamente era habitado por las constelaciones, las estrellas y divinidades que formaban el panteón mesoamericano, por lo tanto, los humanos no aspiraban a ninguno de los trece cielos. Los humanos sólo podían aspirar a acabar en alguno de los cuatro paraísos si morían de alguna forma especial en la que, según ellos, un dios había intervenido; si no, acababan en el Mictlán en el caso de haber tenido una muerte natural o considerada común.

Independientemente de la muerte, todos los humanos debían ser devorados por la divinidad Tlaltecuhtli (Señor/Señora de la tierra), dependiendo de los escritos es representada como una deidad femenina o masculina pero cuando Tlaltecuhtli es presentada como hembra siempre se la relaciona con devorar y parir a los muertos con su vagina dentada. La función de la deidad era devorar la carne del difunto, introducirlo en su matriz para nutrir a la tierra generando vida a través de la muerte y parir la esencia del difunto o una de las partes anímicas, el teoylía, relacionado con el corazón (Moctezuma, 2018: 18). Esto le permitía iniciar el camino hacia el lugar de descanso pertinente según el tipo de muerte.

Los paraísos

Una vez habían sido devorados, los guerreros mexicas fallecidos en combate o por sacrificio gladiatorio tardaban 80 días en llegar al Tonatiuhichan, paraíso donde acompañaban al dios Tonatiuh (el Sol) para luchar contra la Luna, Coyolxauhqui o Metzli, para que no venciera el caos. Tras cuatro años acompañando al Sol, se reencarnaban en colibríes. En el caso de las mujeres que habían muerto en el parto iban a uno de los paraísos, el Cihuatlampa donde se convertían en Cihuateteo, pero al haberse debatido entre la vida y la muerte eran concebidas como guerreras, por lo tanto, también acompañaban al Sol. Por otro lado, tenemos a aquellos que habían muerto ahogados, por un rayo o por enfermedades de la piel, creyendo que habían sido elegidos por el dios Tláloc, dios de la Lluvia, iban al paraíso Tlalocan que se caracterizaba por la abundancia gracias a la lluvia y felicidad. Por último, tenemos el Chichihualcuauhco donde iban a parar los infantes que habían muerto antes de cumplir los cuatro años edad y eran alimentados por el árbol nodriza hasta que podían volver a nacer.

El cielo

Como ya he dicho, los diferentes niveles o estratos eran habitados únicamente por deidades o cuerpos celestes que descendían al inframundo (noche) y volvían a ascender al cielo pertinente (día) pasando por el plano terrenal, influyendo así en la vida cotidiana de los mexicas y demás pueblos mesoamericanos, o al menos así lo creían ellos.

♦El primer cielo se llama Ilhuícatl Meztli traducido como “Lugar donde se mueve la Luna”, era donde se hallan las nubes y la Luna. Estaba habitado por Tlazoltéot, la diosa de la inmundicia y del deseo carnal, por Tláloc y por Ehecátl, dios del aire.

♦El segundo cielo se llama Ilhuícatl Cintlalco traducido como “Lugar donde se mueven las estrellas”. En este cielo las estrellas estaban divididas en dos ejércitos, las cuatrocientas del Norte y las cuatrocientas del Sur. Además, también se encuentran las constelaciones como la Osa mayor, la Osa menor, entre otras.

♦El tercer cielo se conoce como Ilhuícatl Tonatiuh traducido como “Lugar donde se mueve el sol”. Era el cielo donde el Sol se va desplazando a lo largo del día para sumergirse por la noche en el Inframundo.

♦El cuarto cielo se llama Ilhuícatl Huitztlán traducido como “Lugar del cielo de la estrella grande”. En él se hallaba Venus y el dios de la mañana, Tlahuilcalpantecuhtli.

♦El quinto cielo se conoce como Ilhuícatl Mamoloaco traducido como “Lugar donde se mueven los cometas”. En él estaban las estrellas errantes o los cometas.

♦El sexto cielo es el Ilhuícatl-Yayauhco traducido como “Lugar donde nace y se extiende la noche” y era el cielo donde Tezcatlipoca ejerce sus poderes.

♦El séptimo cielo se llama Ilhuícatl Xoxouhqui traducido como “Lugar donde el Sol se levanta y muestra su rostro”. Era el cielo que los seres humanos veían durante el día y donde habitaba Huitzilopochtli.

♦El octavo cielo se llama Itzlacoliuhqui traducido como “Lugar donde surgen los cuchillos de obsidiana”. En él se producían las tormentas y vivía el dios Itzlacoliuhqui, dios del frío.

♦Del noveno, decimo y onceavo cielo sólo sabemos sus nombres y que se refieren a los colores por los que evoluciona el sol y el cielo según el momento del día: Itzlán (región del blanco); Cozauhquitlán (región del amarillo); Yayauhtlán (región del rojo).

♦El doceavo cielo es el Ilhuícatl-Teteocán traducido como “Lugar donde moran los dioses”. Era el lugar donde los dioses nacían, se alimentaban y renacían, aunque fuesen seres eternos y mutantes, puesto que recordemos que podían morir, de forma momentánea y desdoblarse en otros dioses, siendo este el lugar donde también podían hacer esto último.

♦El treceavo cielo es el Ihuícatl-Omeyocán traducido como “Lugar de la dualidad”. En el último cielo moraban el señor y la señora de la dualidad, Ometecuhtli y Omecihuatl, quienes crearon el universo y los dioses.

Los trece cielos fueron representados por los mexicas con la construcción del Templo Mayor.

El Mictlán

Los que habían tenido una muerte natural o diferente a las mencionadas tardaban cuatro años en ser devorados por la deidad Tlaltecuhtli, tras haber expulsado su esencia iniciaban el trayecto por los diferentes niveles del Mictlán. Además, debemos tener en cuenta, que al igual que en cada paraíso y cielo habitaban o estaban relacionados con unos dioses, en el Mictlán pasaba lo mismo; en cada nivel habitaba un dios y el difunto debía de pasar una prueba que estaba relacionado con este.

♦El primer nivel se llama Apanohuaia, donde debían atravesar un río muy caudaloso a lomo del perro sin pelo, un xoloitzcuintle, que habían sacrificado y enterrado con el difunto para que contase con su ayuda en el inframundo. Esta raza de perro estaba consagrada a Xólotl, el dios del ocaso y era donde habitaba la deidad.

♦El segundo nivel se llama Tepectli Monanamictlán, donde los muertos debían de intentar de cruzar rápidamente por en medio de dos montes que chocaban entre si constantemente y evitar ser aplastados. En este caso, era el dios de las montañas, los ecos y señor de los jaguares, Tepeyóllotl, el que habitaba este nivel.

♦El tercer nivel se llama Iztepetl, donde había un gran número de pedernales que amenazaban con cortarles. Itztlacoliuhqui, dios de la obsidiana y del castigo habitaba en este nivel.

♦El cuarto nivel es el Itzehecayán, que se encontraba congelado, con nieve y había unos vientos tan fuertes que podían destruir casas o cortar como el mismo pedernal. En este nivel habitaba el dios del viento del Norte, Mictlampehécatl.

♦El quinto nivel es el Paniecatlacóyan, donde nuevamente se encontraban con fuertes vientos pero que aquí se encargaban de moverlos de un lado a otro hasta que les permitían ir al siguiente nivel y también era habitado por el dios del viento del Norte.

♦El sexto nivel es el Temiminalóyan, donde te enfrentabas a un sinfín de flechas que fueron lanzadas por los guerreros pero que no dieron a su objetivo.

♦El séptimo nivel es el Teocoyocualoya, donde habitaban fieras como los jaguares e intentaban comerse el corazón del difunto.

♦El octavo nivel es el Izmictlán, donde se cree que los difuntos se encontraban con su alma (tonalli) tras haber conseguido pasar por nueve ríos que estaban en un valle.

♦El noveno y último nivel es el Chicunamictlán, donde se encontraban con el Señor y la Señora del Inframundo, Mictlantecuhtli y Mictlacihuatl. En este nivel tras haber logrado pasar todas las pruebas el muerto rememoraba toda su vida y pasaba a formar parte del universo, logrando al fin el descanso.

Los tres niveles verticales y el nivel horizontal que conformaban el universo se unían en el centro por un árbol cósmico, haciendo fluir a través del árbol las energías del cielo y del inframundo, pasando por el plano terrenal.

Bibliografía:
  • Báez-Jorge, F. (2018). “Mitología y simbolismo de la vagina dentada”, Arqueología Mexicana, 104, 51-55 pp.
  • Johanson K., P. (2012). “La muerte en la cosmovisión náhuatl prehispánica. Consideraciones heurísticas y epistemológicas”, Estudios de cultura náhuatl, 43,47-93 pp.
  • López Austin, A. (2016). “La verticalidad del cosmos”, Estudios de la cultura náhuatl, 52, 119-150 pp.
  • Matos Moctezuma, E. (2018). “Los mexicas y la muerte”, Arqueología Mexicana, 52, 18-20 pp.
  • Matos Moctezuma, E. (2018). “El destino de los guerreros y la práctica de la cremación”, Arqueología Mexicana, 52, 22-24 pp.
  • Soustelle, J. (1970), La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, México: Fondo de Cultura Económica de España. 283 pp.

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Artículo dedicado a la concepción del Más Allá mexica, debido a que había un abanico de posibilidades de lugares a los que ir tras morir.
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