Los sacrificios humanos mexicas

Publicado por Ariadna en

Los mexicas heredaron de los toltecas los sacrificios humanos, el militarismo, la preocupación por la genealogía y la importancia de los rituales religiosos, siendo el primero uno de los aspectos principales de su sociedad. Los encargados de hacer los rituales de cada veintena era la casta sacerdotal, ​fuertemente jerarquizada, pero de ​importancia vital dentro de la sociedad mexica.

La mayoría de ellos pertenecían a la clase noble, aunque ​algunos pasaron a formarse en el ​calmécac sin ​pertenecer a dichaclase.  El rango más alto dentro de la casta es el ​de ​sumo sacerdote que ostentaba el título de ​Cihuacóatl​, nombre de la diosa de la Fertilidad, entre otros aspectos​; ​se cree que tenía el cargo de asesor del ​huey tlatoani a la vez que representaba la máxima figura religiosa. Seguidamente, debido a la importancia que ​Huitzilopochtli y ​Tláloc tenían en la capital imperial, había dos prelados que se encargaban del buen culto y de sus ritos con los títulos de Quetzalcóatl-Tótec-Tlamacazqui y ​Quetzalcóatl-Tláloc-Tlamacazqui, respectivamente.

En un rango menor encontramos el cargo de Mexícatl-Teohuatzinque se dedicaba a la conservación de las tradiciones y los asuntos religiosos en general; por debajo, se hallaban los sacerdotes que se encargaban de la educación y ayudaron a arraigar las reformas imperiales en la sociedad.  En penúltimo puesto, los sacerdotes que participaban en las ceremonias del pulque y en el escalafón más bajo estaban los aprendices que únicamente eran ayudantes de los sacerdotes oficiales (Vaillant, 1973:157).

También había sacerdotisas que adquirían su formación en una escuela separada (cihuacalmecac​) de la de los varones, pero parece que no había una jerarquía tan marcada o al menos no hay constancia de ello. La distinción de rango venía con la edad, siendo las ancianas las maestras de las jóvenes aprendices y las que cuidaban de los templos. Conocemos algunos nombres que ostentaban las sacerdotisas, como el de ​cuacuacuiltin o la ​cihuacuacuilli,que se podría considerar la superiora del templo que se encargaba de recibir y dar las ofrendas a los dioses (Manzanares, 2004:132).

El método de sacrificio humano más común consistía en poner al prisionero boca arriba sobre una piedra circular que se encontraba en el Templo Mayor mientras cuatro sacerdotes lo cogían de brazos y piernas, en representación ​de los cuatro puntos cardinales, el quinto le abría el pecho con un cuchillo de pedernal (​técpatl​) para sacarle el corazón y ofrecérselo a los dioses. Dependiendo de la festividad, el guerrero que había obtenido a la víctima, su familia y el ​huey tlatoani realizaban un canibalismo ritual, como en el sacrificio gladiatorio.

El ingerir su carne se debía a que la persona inmolada era vestida como el dios ​al cual se estaba dando culto, personificando la víctima a la deidad; por lo tanto, se comían al mismo dios e ingerían las capacidades militares de la víctima. La persona sacrificada también podía ser decapitada, ahogada para dar culto a ​Tláloc​, quemada para dar culto al dios del fuego, ​Huehuetéotl​, desollada, estrangulada, muerta en combate ritual, etc. Pese a las muertes tan atroces que sufrían hemos de entender la visión del mundo que tenían los mexicas: el sacrificio era un deber sagrado que se había contraído con los dioses y especialmente con el Sol, puesto que sin él llegaría el fin del universo, por lo tanto, nada podía vivir sin la sangre de los sacrificados (Soustelle,1970:102).

Además, los sacrificados al personificar a un dios eran tratados con sumo respeto e incluso en los cultos militaristas el guerrero y el cautivo se trataban de padre e hijo. Debemos tener en cuenta que tanto la casta sacerdotal como una persona común también podía ofrecer su sangre como autosacrificio y culto a los dioses haciéndose cortes en las pantorrillas, los lóbulos de las orejas, los brazos, lengua, etc. Con las reformas imperiales iniciadas en 1428 los sacrificios rituales aumentaron con creces a la par que los éxitos militares, puesto que es bastante probable que en el siglo XIV los sacrificios humanos fuesen mucho menores y se acompañasen con sangrías en orejas y piernas o con sacrificios de animales. Con la cosmogonía imperial creada, los mexicas tenían la obligación de ​estar en guerra de manera constante, ​mantener sus conquistas y los sacrificios ​humanos con tal de evitar el exterminio, ya que creían que cuanto más alimentasen a sus dioses, menores serían las hambrunas y derrotas militares.

Bibliografía:
  • Manzanares Albertí, P. (Coord.) (2004). Género, ritual y desarrollo sostenido en comunidades rurales de Tlaxcala, México: Plaza y Valdés. 305 pp.
  • Soustelle, J. (1970), La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, México: Fondo de Cultura Económica de España. 283 pp.
  • Vaillant, G. (1973), La civilización azteca: origen, grandeza y decadencia, México: Fondo de Cultura Económica. 317 pp.

 

 

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Artículo que trata el papel primordial que tenían los sacrificios humanos dentro de la sociedad mexica, los diferentes ritos y sacerdotes.
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